Aceites que curan, aceites que matan

Es difícil de creer, pero comer patatas fritas o cualquier comida frita en casa o en un restaurante puede ser un peligro para tu salud personal o para la de los que están a tu alrededor. ¿Esto es simplemente una declaración provocadora o hay algo más detrás?

Los aceites de girasol, maíz o soja son quizá los aceites más populares (¡y los más baratos!) que utilizamos en la cocina. Son aceites que pertenecen al grupo de los ácidos grasos Omega (insaturados) y estos aceites nunca deberían ser calentados. Sí, los mismos omegas que son conocidos por ser tan buenos para nuestra salud. La investigación científica muestra que los llamados ácidos grasos insaturados son transformados  por el calor y esto permite a las toxinas penetrar a través de las células membranosas de nuestro cuerpo. Por ejemplo, el aceite de girasol calentado hasta los 200 grados centígrados para convertirse en margarina, es solo otro ejemplo de un increíble “error industrial” que nos lleva a unos hábitos dietéticos dañinos e incluso peligrosos.

 

 

¿Qué hay detrás de esto?

En los años 50, una doctora alemana, desarrolló una dieta anti-cáncer basada en el aceite de las semillas de lino en combinación con requesón. Esta dieta ha tenido hasta ahora un éxito increíble en el tratamiento de diversos tipos de cáncer y ha sacado a relucir la enorme importancia de los aceites insaturados y su oculta conexión con el poder fotónico del Sol.

La Dra. Johana Budwig, con grados en medicina, físicas, farmacia y bioquímica, era una experta del gobierno central alemán en ácidos grasos y drogas farmacéuticas, y pionera en la investigación de la conexión entre el proceso de la mecánica cuántica y el comportamiento en los sistemas de células, especialmente cuando están expuestas a aceites ricos en omega-3, como el aceite de lino. De acuerdo a sus descubrimientos las comidas ricas en omega-3 actúan como campos solares resonantes que atraen, restauran y conducen la energía fotónica solar en nuestro cuerpo. El poder del sol, no es sólo alimento para el alma, sino un nutriente vital para el cuerpo en general. Los humanos viven de manera natural en una “dieta solar” todo el tiempo; esta es la razón por la cual en el hemisferio Norte estamos hambrientos de sol después de los largos meses de invierno y no podemos esperar a ver los días volverse más largos en primavera, para dejar a nuestras células alimentarse de nuevo del elemento más saciante de la Tierra: la luz solar.

 

protección solar

 

 

Pero los descubrimientos de la Dra. Budwig han mostrado claramente los efectos devastadores de las grasas y aceites comercialmente procesados (calentados) atacando la bioquímica de nuestras membranas celulares y bajando la carga de energía electromagnética de nuestro cuerpo. Estas grasas se han convertido en una de las causas principales de enfermedades crónicas y terminales como cáncer, diabetes, problemas cardiovasculares, etc. Pero ¿cuántas personas son conscientes de esto?.

La Dra. Budwig descubrió que cuando las grasas insaturadas han sido químicamente tratadas, calentadas o refinadas, sus propiedades nutritivas son destruídas y se vuelven tóxicas porque el campo de electrones de las células membranosas es eliminado – lo que significa: 60-70 trillones de células en nuestro cuerpo que dejan de cargarse correctamente.

 

 

Somos cuerpos eléctricos

Hemos olvidado que somos cuerpos eléctricos (poeta americano Walt Whitman) o, como dice Robert E. Becker sobre nuestro estilo de vida moderno en su famoso libro El cuerpo eléctrico: Electromagnetismo y la creación de la vida:

“Nuestro ego bioeléctrico está más y más expuesto a numerosos daños fisiológicos de polución electromagnética. Nuestros hábitos de vida dietéticos de calentar y cocinar aceites insaturados como el aceite de girasol o soja,  es la causa de estos daños”.

Mike Vrentas del Independent Cancer Research Foundation explica: “las células de nuestro cuerpo disparan eléctricamente. Nosotros somos conscientes de cómo las grasas obstruyen nuestras venas y arterias y son la causa principal de los ataques al corazón, pero nunca miramos más allá para ver como estas peligrosas grasas y aceites están afectando a nuestra salud mental y cuerpos a un nivel celular.  La habilidad de las grasas de asociarse con las proteínas y así alcanzar la solubilidad en el agua de los fluidos corporales – todo esto es destruido” o como la Dra. Budwig apunta:

La batería está muerta porque los electrones en estas grasas (saludables) y aceites normalmente la recargan”.

Mike Vrentas añadió: “cuando los electrones son destruidos, las grasas nunca más vuelven a estar activas y no pueden fluir por los capilares ni a través de las redes de capilares finos. Entonces es cuando los problemas circulatorios emergen”.

 

 

Somo unos afortunados hoy en día

Hoy, 60 años después de la investigación de la Dra. Budwig, estamos en una mejor posición que los pacientes de su tiempo. La disponibilidad de numerosos aceites ricos en grasas poli-insaturadas con Omega-3 como el aceite de Chía, Camelina, Sacha inchi, Perilla o Rosa Mosqueta ofrecen alternativas interesantes a la desafortunada inestabilidad del aceite de lino. Tienen altos niveles de ácidos alfa-linolenicos (Omega-6) y otros ácidos grasos. Mi experiencia personal muestra que no existe un alimento orgánico que pueda ofrecer un aceite de lino puro el cual no haya experimentado proceso de oxidación además de haberse vuelto ineficiente o dañino para el cuerpo. El sabor amargo del aceite aparece en un tiempo máximo de 2 meses después de la presión en frío de sus semillas – muy poco tiempo, en el que se acaba dañando a través de las cadenas de venta, antes de llegar al cliente final.

Así que esperemos que después de esta asombrosa investigación de los aceites omega durante las últimas décadas y la creciente conciencia del público hacia un estilo de vida más equilibrado y comida saludable rica en aceites omega-3 – utilizados de manera correcta-  sea mejor entendida con su enorme valor para nuestra salud. El “tema de la degeneración de la grasa” como Udo Erasmus dice en su famoso libro (Grasas que curan, grasas que matan) es un tema urgente.

 

 

Dos tercios de la población en los países desarrollados están muriendo de enfermedades degenerativas debido mayoritariamente a obtener “pocas de las muchas sustancias esenciales guiándonos hacia una salud deficiente lo cual se convierte en degeneración debido a la malnutrición” (U. Erasmus). Es hora de cambiar. La paradoja en esto es que la revocación de las condiciones degenerativas es posible en muchos casos” (U. Erasmus). Solo tenemos que seguir identificando los elementos que faltan en una vida saludable – y esto a pesar de los desafíos de nuestra sociedad moderna, en los cuales se exige una alta demanda y, a menudo estamos expuestos a un frenético estilo de vida.

¿Esto no es suficiente para convertirnos en más inteligentes en nuestras observaciones, más inteligentes en nuestras elecciones y más firmes en nuestra búsqueda de la felicidad real? Así que, vivamos y preparemos el camino para una vida que merezca la pena vivir, para llegar sanos a una edad mayor, sin la amenaza de “la espada de Damocles” de las enfermedades terminales colgando de nuestros destinos. Creo que las respuestas de muchas de nuestras preguntas vitales están allí. Si miramos alrededor detenidamente y nos quedamos escuchando, podemos sentir la savia de la vida corriendo dentro de nosotros. Y en su vibrante murmullo oímos su susurro: “donde aparece el peligro, el rescate está creciendo también” (Friedrich Hölderlin, Patmos Hymn).

Dr. Malte Hozzel

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